
Así conocí a Corto Maltés, ese personaje de Pratt cuya lectura me generó, desde el primer momento, una sensación diferente. Y eso fue porque Corto era un "héroe" diferente. En "La Balada..." aparece como protagonista, como secundario, como salvador, como villano. El argumento es extraño y las emociones turbias de quienes entran y salen de la historia son, precisamente, las que marcan el ritmo. No es extraño que uno se sienta un poco mareado en la primera lectura, como si en el mar estuviese.
Corto Maltés, viajero sin destino que trazó en su mano su propia línea de la vida con un cuchillo cuando descubrió que había nacido sin ella. Melancolía al 100%, a veces protagonista, la mayoría de la veces, observador. Ñ de Clarín está publicando este clásico europeo para todos aquellos que quieren leer algo distinto. Una lectura donde uno puede sentirse incómodo y poco seguro.
Es que Corto, no gana siempre. De hecho pierde y mucho. Al final de "La Balada..." Pandora, la mujer de sus sueños, reflejo de esa mujer que todos tenemos, esa que amamos durante años en silencio (y ella nunca nos dejó tocarle un pelo, maldita); esa mujer le dice adiós.
Corto: Que linda. Me recuerdas a un tango de Arolas que escuché en Buenos Aires, en el bar de la Parda Flora.
Pandora: A lo mejor me parezco a alguna que había allí.
Corto: Precisamente porque no te pareces a ninguna, me gustaría encontrarte siempre en cualquier lugar...
Pandora: No voy a ir con usted, Corto Maltés.
Corto: Ya lo sé. Adiós, Pandora.

"Ya lo sé. Adiós, Pandora". Corto, no sabés como te entiendo.